domingo, 28 de noviembre de 2021

El perro



Entre nosotros, no me gusta. No me cae bien, se cree que lo sabe todo, es prepotente, taciturno, retraído y gruñón. Sonríe poco, se ríe aún menos. Ese cuervo nos mira como si nos juzgase de continuo, a nosotros, pobrecitas criaturas ignorantes.

Cuando hablas con él es agradable, no parece para tanto. Pero enseguida me siento incómodo, no me gusta su mirada. Mis amos siempre hablan mal de los cuervos, pájaros negros hasta el pico, de horribles graznidos y portadores de malos augurios.

No lo conozco tanto, lo reconozco. He hablado con él algunas veces, cuando corriendo por estos prados acababa, sin pretenderlo, bajo el árbol que suele frecuentar. Le hablo de mis gustos, de lo buenos que son mis amos conmigo, de lo que me gusta correr tras una pelota y traerla una y otra vez. De mi amor a los humanos y mi odio a los gatos. Él escucha, intenta disimular su desdén, acaba confesando que no le gustan los humanos. Y que (¡horror!) aprecia los felinos, los considera más inteligentes que a nosotros, ¡y que a los propios humanos!

Qué barbaridad, este cuervo está loco. Los humanos son dioses, tienen poder sobre este mundo, son muy, muy inteligentes. No puedo estarles más agradecido, me dan comida, juegan conmigo, siempre tengo un sitio caliente para dormir. No me puedo imaginar una criatura más poderosa, más bondadosa, más inteligente. Los humanos saben lo que hacen, los adoro. Cuervo estúpido, pájaro deprimente de mal agüero.

Imagen: sobrecubierta de 'Hergest Ridge' de Mike Oldfield


lunes, 1 de noviembre de 2021

Paz




Hay paz en este momento. Dentro y fuera. Es un momento raro, que no aparece fácilmente y que no se deja asir. Es breve, incluso fugaz. De ahí la importancia de sentirlo plenamente, sin tratar de poseerlo; solamente viendo su efecto en nuestro interior, dejándolo fluir libremente.

Fuera todo es calma, todo está bien, todo es perfecto. Dentro todo es calma, todo está bien y es perfecto. No hay preocupaciones fútiles, no hay pensamientos tóxicos. No tratamos de moldear la realidad a nuestro antojo y deseo. Es la calma que proviene de la aceptación. Aceptamos, pues no hay nada más. Dejamos de luchar por unos instantes contra la corriente, y dejamos que nos arrastre libremente. Y esos instantes devienen mágicos. Nos sentimos conectados.

El momento pasa y vuelven nuestros pensamientos. Nos arrastran a la preocupación y al movimiento, a la lucha contra la realidad, en un intento continuo de amoldarla a nuestro capricho. Cuánta energía perdida, agotamiento del espíritu, para finalmente llegar al mismo sitio. Pero agotados, vencidos por esta lucha sin fin contra el enemigo imaginario.

Los momentos en que dejamos de luchar, su recuerdo, nos marcan el camino. El largo camino hacia la paz. Esa paz lo contiene todo, así lo acepto. Pues no hay nada más.

Imagen de Cs- en Pixabay

viernes, 22 de octubre de 2021

Despacio

 


Desde aquí puedo ver vuestro caminar. Es rápido, demasiado rápido. Continuo, nunca os paráis, como si huyérais de algo. Como si os quisiérias alejar de vosotros mismos. ¿Quién me puede decir dónde vais?

Caminar lento, observando dentro y fuera, con sosiego.. No sólo el domingo, todos los días.. veríais cómo se calma la mente, el cuerpo y el alma. Cómo la vida parece discurrir entonces a otra velocidad. Detalles que se pasaban por alto, sonidos que pasaban desapercibidos.. la vida está ahí.

Vuestra mente corre hacia adelante y hacia atrás, en un juego elástico sin fin. Casi nunca habita el momento, donde está todo. La mente divaga, el momento se desliza y se pierde para siempre. Así pasan vuestros días, así corréis sin saber hacia dónde.

Parad, donde vais ya está aquí. Ya habéis llegado. No hay nada más. Sólo el presente, el momento, con toda su fuerza. Habitad el increíble milagro de estar viviendo este sueño. Habitad este sueño aquí y ahora, hasta que despertéis.


lunes, 11 de octubre de 2021

Ruido


Me gusta escuchar los sonidos de la naturaleza. Creo que hace tiempo que habéis olvidado escucharla, ya que la mayoría de vosotros vive rodeado de asfalto, coches, edificios por todas partes. Difícil escuchar sonidos naturales en semejante ámbito. No obstante, dejarse envolver por los sonidos de la madre naturaleza, de sus murmullos y sus silencios, nos conecta con nuestro origen, con nuestra verdadera esencia.

Llenáis vuestros días de ruido constante, sonidos artificiales que no os dejan pensar ni sentir. No os dejan estar ahí, donde estáis, en ese momento preciso. El silencio os molesta, os aburre, lo reuís, salvo para dormiros.

Sin embargo el silencio, y los suaves murmullos de la naturaleza, son vías de escape para nuestro alma, aprisionada en los ruidos y constantes quehaceres de los que os rodeáis. Dejaros envolver por el silencio, por el murmullo del mar, el canto de los pájaros o el sonido de la brisa al tocar las hojas. Vaciad la mente y dejaros envolver. Es un ejercicio de sanación para el alma que ha perdido el sosiego.

Dejad que salga en vosotros el sentimiento, la emoción, la certeza de que pertenecéis a este mundo. Formáis parte de la naturaleza, no la poseéis, y a ella volveréis. Ella es vuestra madre y os volverá a acoger.

Imagen de Farbsynthese en Pixabay

viernes, 8 de octubre de 2021

El cuervo


Me voy haciendo viejo. Soy un animal solitario al que le gusta sentir el lento paso del tiempo, en lo que me rodea y en mí mismo. Sí, así soy, no me importa envejecer. El tiempo y la muerte siempre ganan, y así debe ser. Por eso es mejor aceptarlos de buena gana. Aceptar con plena consciencia que un día ya no estaré aquí, que no quedará ni un recuerdo mío, es una gran liberación. Un alivio para el alma. No sufráis tanto, porque sólo quedará polvo de nosotros.
Desde mi rama veo la sucesión de los días y las noches, los meses, las estaciones.. Nada se queda para siempre, todo es efímero. Hasta las rocas que parecen eternas desaparecerán. Todo nace y muere, y así debe ser. La belleza, el sentido, son impermanentes. Inútil tratar de asirlos.
El sentido. La búsqueda eterna de vosotros los seres humanos. Nosotros, las bestias, no buscamos razones. Está muy lejos de nuestro entendimiento. Tanto como del vuestro. Tenemos que vivir, participar de este sueño, sin saber si hay alguien en la oscuridad del patio de butacas. Sin saber qué ocurrirá cuando se acabe la función. Esa función que tan en serio nos tomamos.
Si lo pensáis, todo es mágico e irracional en este mundo al que tan acostumbrados estamos. Damos por sentado que viajamos en una bola de tierra, agua y aire, dando vueltas sobre nosotros mismos y alrededor del Sol, y todo ello mientras viajamos por el Universo infinito hacia ningún sitio. Aceptamos todo esto como si tal cosa.
Aceptamos que hemos llegado aquí y que algún día partiremos, aunque no queramos pensar en ello. Nos disgusta irnos de aquí, aun desconociendo para qué hemos venido. Y sin embargo, aceptar la muerte y el paso del tiempo, aceptarlos de verdad, nos aligera y nos revitaliza. Nos deshacemos de cargas inútiles que nos impiden ver algo más claro, de miedos a enfermar y morir antes de tiempo, o de que les ocurra a nuestros familiares. Nos olvidamos de acumular, porque nada nos llevaremos con nosotros. Nos olvidamos de aparentar y de competir, ya que ante la muerte todos somos iguales.
Vivir para dejar un mundo mejor, eso da sentido a mi vida. La que un día terminará. En un mundo en el que no quedará nada de mí. Vivir para que este sueño sea mejor, más luminoso, más agradable, hasta que deje de soñar. Hacerlo más agradable para los que se quedan soñando. Eso me hace sonreir, me purifica, me calma. Hasta que se apaguen todas las luces, y todo sea negro como mi plumaje, silencioso como mi alma. Vacío como mis deseos.

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay