Me voy haciendo viejo. Soy un animal solitario al que le gusta sentir el lento paso del tiempo, en lo que me rodea y en mí mismo. Sí, así soy, no me importa envejecer. El tiempo y la muerte siempre ganan, y así debe ser. Por eso es mejor aceptarlos de buena gana. Aceptar con plena consciencia que un día ya no estaré aquí, que no quedará ni un recuerdo mío, es una gran liberación. Un alivio para el alma. No sufráis tanto, porque sólo quedará polvo de nosotros.
Desde mi rama veo la sucesión de los días y las noches, los meses, las estaciones.. Nada se queda para siempre, todo es efímero. Hasta las rocas que parecen eternas desaparecerán. Todo nace y muere, y así debe ser. La belleza, el sentido, son impermanentes. Inútil tratar de asirlos.
El sentido. La búsqueda eterna de vosotros los seres humanos. Nosotros, las bestias, no buscamos razones. Está muy lejos de nuestro entendimiento. Tanto como del vuestro. Tenemos que vivir, participar de este sueño, sin saber si hay alguien en la oscuridad del patio de butacas. Sin saber qué ocurrirá cuando se acabe la función. Esa función que tan en serio nos tomamos.
Si lo pensáis, todo es mágico e irracional en este mundo al que tan acostumbrados estamos. Damos por sentado que viajamos en una bola de tierra, agua y aire, dando vueltas sobre nosotros mismos y alrededor del Sol, y todo ello mientras viajamos por el Universo infinito hacia ningún sitio. Aceptamos todo esto como si tal cosa.
Aceptamos que hemos llegado aquí y que algún día partiremos, aunque no queramos pensar en ello. Nos disgusta irnos de aquí, aun desconociendo para qué hemos venido. Y sin embargo, aceptar la muerte y el paso del tiempo, aceptarlos de verdad, nos aligera y nos revitaliza. Nos deshacemos de cargas inútiles que nos impiden ver algo más claro, de miedos a enfermar y morir antes de tiempo, o de que les ocurra a nuestros familiares. Nos olvidamos de acumular, porque nada nos llevaremos con nosotros. Nos olvidamos de aparentar y de competir, ya que ante la muerte todos somos iguales.
Vivir para dejar un mundo mejor, eso da sentido a mi vida. La que un día terminará. En un mundo en el que no quedará nada de mí. Vivir para que este sueño sea mejor, más luminoso, más agradable, hasta que deje de soñar. Hacerlo más agradable para los que se quedan soñando. Eso me hace sonreir, me purifica, me calma. Hasta que se apaguen todas las luces, y todo sea negro como mi plumaje, silencioso como mi alma. Vacío como mis deseos.
Imagen de Gordon Johnson en Pixabay
No hay comentarios:
Publicar un comentario