Me gusta escuchar los sonidos de la naturaleza. Creo que hace tiempo que habéis olvidado escucharla, ya que la mayoría de vosotros vive rodeado de asfalto, coches, edificios por todas partes. Difícil escuchar sonidos naturales en semejante ámbito. No obstante, dejarse envolver por los sonidos de la madre naturaleza, de sus murmullos y sus silencios, nos conecta con nuestro origen, con nuestra verdadera esencia.
Llenáis vuestros días de ruido constante, sonidos artificiales que no os dejan pensar ni sentir. No os dejan estar ahí, donde estáis, en ese momento preciso. El silencio os molesta, os aburre, lo reuís, salvo para dormiros.
Sin embargo el silencio, y los suaves murmullos de la naturaleza, son vías de escape para nuestro alma, aprisionada en los ruidos y constantes quehaceres de los que os rodeáis. Dejaros envolver por el silencio, por el murmullo del mar, el canto de los pájaros o el sonido de la brisa al tocar las hojas. Vaciad la mente y dejaros envolver. Es un ejercicio de sanación para el alma que ha perdido el sosiego.
Dejad que salga en vosotros el sentimiento, la emoción, la certeza de que pertenecéis a este mundo. Formáis parte de la naturaleza, no la poseéis, y a ella volveréis. Ella es vuestra madre y os volverá a acoger.
Imagen de Farbsynthese en Pixabay
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